Filipenses 3. Oración de entrega al Señor
Señor, concédeme en tu gracia abandonar toda confianza en mis logros personales o en lo que soy según los estándares mundanos.
Líbrame de confiar en mí mismo, y ayúdame a servir en espíritu a Aquel que es mi gloria.
Que todo logro terreno que haya alcanzado, y cuánta cosa de este mundo ame, la considere como algo insignificante y sin valor por amor a Cristo mi Señor.
Concédeme el deseo sincero de crecer en la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, quien es mi Señor, de manera tal que considere sin ningún valor importante aquellos privilegios terrenos que puedo perder por seguir a mi Redentor, que para mí todo lo material o terreno sea como basura al compararlo con mi Salvador, a quien me debo y me entrego de todo corazón.
Señor, que tú seas mi todo en esta vida y en la eternidad,
Que no confíe en mis propias buenas obras ni en mi obediencia a la Ley, pues, es muy imperfecta, sino que toda mi confianza esté puesta en ti, quien eres mi justicia delante del Padre.
Concédeme conocerte cada vez más, de manera que pueda experimentar en mi el poder de tu resurrección, y la eficacia de tus padecimientos y de tu muerte en cruz identificándome con ellos estando dispuesto a sufrir por ti.
Señor, reconozco que aún no he alcanzado el estado de gloria al cual me llamas, y reconozco que todavía no soy perfecto como tú lo eres, ni he alcanzado la resurrección final del cuerpo; pero te ruego me ayudes a proseguir hasta alcanzar el objetivo por el cual tú me llamaste por el evangelio.
Señor, ayúdame a no confiar en las cosas que he alcanzado en el pasado, ni a detenerme a causa de los fracasos anteriores, sino que yo pueda proseguir para que logre alcanzar aquello para lo cual fui alcanzado por Cristo.
Dame la gracia para alcanzar la meta y el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.
Concédeme Señor sentir y desear lo mismo que los demás santos, ayúdame a imitar a los que te han seguido fieles hasta la muerte, como el apóstol Pablo.
Que mi deleite no sea el vientre o las cosas del mundo, sino lo celestial, donde estás, oh Cristo, sentado en gloria.
Que mi esperanza sea la transformación de mi cuerpo con el fin de que pueda compartir contigo la gloria que recibiste luego de tu resurrección. Amén.

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