jueves, 2 de enero de 2025

Salmo 90. Oración para inicio o fin de un año nuevo

Salmo 90. Oración para inicio o fin de un año. 




Señor, tú nos has sido refugio de generación en generación. A ti acudimos los hombres desde la creación y seguiremos acudiendo siempre, porque solo tú eres Dios, y mientras nosotros pasamos por este mundo temporal, tú nunca pasas, tus días son eternos, nosotros envejecemos pero tu nunca envejeces.
Señor, he aprendido que tú nos invitas a la conversión cada vez que contemplamos el paso de los años, cada vez que vemos cómo nosotros nos envejecemos y el cuerpo se debilita, ese es un tiempo especial para meditar en nuestra necesidad de ti, de tu gracia, de tu amor, de tu perdón.
Señor, he entendido que mi vida no tiene sentido en esta tierra si no es en una total dependencia de tu gracia, pues, soy solo como un suspiro que pronto termina en esta tierra, mientras tú permaneces para siempre.
Y si tú permaneces para siempre, entonces, solo encontraré La Paz y la dicha perpetua si me entrego a ti, fuente y dador de la vida.
Ayúdame a entender la fragilidad y fugacidad de la vida, y que esto se debe a causa de mis pecados, pues, son rebeldías contra ti, dador de todo bien.
Ayúdame a saber que tú estás airado todos los días contra el impío, y que, aunque he creído en ti, aún te ofendo, y esas ofensas hacen que mis días sean más cortos de lo que deseo.
Señor, dame la sabiduría necesaria para aprender a contar mis días, para cumplir el propósito por el cual me creaste y para saber aprovechar el tiempo en aquellas cosas que tienen un verdadero valor eterno.
Reconozco que no he sido sabio en el uso del corto tiempo que me das en esta era presente, por eso te pido me concedas la gracia del perdón.
Señor, sé propicio a mí a través de tu Hijo, mi Señor Jesucristo, y concédeme tu misericordia.
Que el resto de mis días en esta tierra sean fructíferos, para Tu gloria. 
Que de ahora en adelante aprenda a depender solo de ti, y que todo lo que haga sea conforme a tu voluntad revelada en tu Palabra.
Que no desperdicie ni un minuto de esta vida en cosas superfluas o pecaminosas, y que mi entera y única preocupación sea honrarte en todo lo que haga.
Señor, sé que no podré hacerlo con mis propias fuerzas, pero confío en mi Señor Jesucristo, y a través de él, y el poder de tu Espíritu, aprenderé a aprovechar cada minuto de la vida que me das.
Amén!




martes, 31 de diciembre de 2024

Filipenses 3. Oración de entrega al Señor

Filipenses 3. Oración de entrega al Señor



Señor, concédeme en tu gracia abandonar toda confianza en mis logros personales o en lo que soy según los estándares mundanos. 
Líbrame de confiar en mí mismo, y ayúdame a servir en espíritu a Aquel que es mi gloria.
Que todo logro terreno que haya alcanzado, y cuánta cosa de este mundo ame, la considere como algo insignificante y sin valor por amor a Cristo mi Señor.
Concédeme el deseo sincero de crecer en la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, quien es mi Señor, de manera tal que considere sin ningún valor importante aquellos privilegios terrenos que puedo perder por seguir a mi Redentor, que para mí todo lo material o terreno sea como basura al compararlo con mi Salvador, a quien me debo y me entrego de todo corazón.
Señor, que tú seas mi todo en esta vida y en la eternidad, 
Que no confíe en mis propias buenas obras ni en mi obediencia a la Ley, pues, es muy imperfecta, sino que toda mi confianza esté puesta en ti, quien eres mi justicia delante del Padre.
Concédeme conocerte cada vez más, de manera que pueda experimentar en mi el poder de tu resurrección, y la eficacia de tus padecimientos y de tu muerte en cruz identificándome con ellos estando dispuesto a sufrir por ti.
Señor, reconozco que aún no he alcanzado el estado de gloria al cual me llamas, y reconozco que todavía no soy perfecto como tú lo eres, ni he alcanzado la resurrección final del cuerpo; pero te ruego me ayudes a proseguir hasta alcanzar el objetivo por el cual tú me llamaste por el evangelio.
Señor, ayúdame a no confiar en las cosas que he alcanzado en el pasado, ni a detenerme a causa de los fracasos anteriores,  sino que yo pueda proseguir para que logre alcanzar aquello para lo cual fui alcanzado por Cristo.
Dame la gracia para alcanzar la meta y el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.
Concédeme Señor sentir y desear lo mismo que los demás santos, ayúdame a imitar a los que te han seguido fieles hasta la muerte, como el apóstol Pablo.
Que mi deleite no sea el vientre o las cosas del mundo, sino lo celestial, donde estás, oh Cristo, sentado en gloria. 
Que mi esperanza sea la transformación de mi cuerpo con el fin de que pueda compartir contigo la gloria que recibiste luego de tu resurrección. Amén.

jueves, 26 de diciembre de 2024

Lamentaciones 5. Oración de arrepentimiento y confesión

 Lamentaciones 5. Oración de confesión y arrepentimiento




Señor, acuérdate de todo lo que nos ha pasado, y mira nuestro oprobio.
Hemos perdido muchas cosas buenas, y otros se han aprovechado de nosotros.
Señor, no nos abandones más, pues, si tú no actúas a favor nuestro, perderemos todo bien, y seremos como huérfanos abandonados, o como viudas desamparadas.
Señor, danos reposo de esta prolongada aflicción, pues, estamos muy fatigados y no hay reposo para nosotros.
Pero sabemos que todo esto ha venido a causa de nuestro pecado, a causa de ellos has entristecido nuestro corazón. Confesamos ante ti nuestras iniquidades, pues, tú eres Dios eterno e inmutable, tu trono es firme y permanecerá para siempre. 
Señor, no te olvides más de nosotros, no nos abandones más. 
Vuélvenos a ti, y nos volveremos con corazones arrepentidos.
Señor, renueva nuestros días, como al principio.
Ya no estés más airado contra nosotros y no nos deseches.
Somos tu pueblo, que había pecado, pero ahora volvemos a ti arrepentidos.
Amén!

miércoles, 25 de diciembre de 2024

2 Timoteo 3:10-17

 2 Timoteo 3:10-17




Señor, concédeme seguir fielmente la doctrina apostólica, pero no sólo esto, sino también su conducta, su propósito, su fe, su longanimidad, su amor, su paciencia, sus persecuciones y padecimientos; que en todo esto yo pueda imitarlos sin titubear ni desmayar.
Concédeme soportar cualquier persecución por causa de tu nombre, pues, en todas ellas veré que me libras y me ayudas a permanecer fielmente.
Ayúdame a entender que si quiero vivir piadosa y santamente en este mundo sufriré persecución, mientras que observo cómo los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados.
Ayúdame a persistir hasta el final en todo lo que he aprendido de la Palabra, pues, tú me persuadiste para creerlo sabiendo que vino de hombres fieles e idóneos.
Gracias Señor porque me has dado tu Palabra la cual me puede hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.
Amén.

1 Pedro 3:8-12

 1 Pedro 3:8-12



Señor, ayúdame a ser de un mismo sentir junto con mis hermanos. 

Concédeme ser compasivo, y lléname del puro y verdadero amor fraternal, que siempre sea misericordioso y amigable para con todos, que nunca devuelva mal por mal, ni maldición por maldición, sino que por el contrario, siempre salgan de mis labios bendiciones, porque he sido llamado para heredar bendición. 

Señor, yo quiero ver en este año muchos días buenos porque amo la vida, por lo tanto, ayúdame a entender que para alcanzar este propósito debo refrenar mi lengua de hablar el mal y mis labios de hablar engaño. 

Ayúdame Señor que este 2025 me aparte del mal y que me especialice en hacer siempre el bien, que sea un experto en la búsqueda de la paz y en seguirla; por qué sé que tus ojos están sobre los justos, y que tus oídos están atentos a escuchar las oraciones de ellos; pero tu rostro es contra los que hacen el mal.

Ayúdame a hacer siempre el bien. En Cristo Jesús. Amén!

lunes, 9 de octubre de 2023

El matrimonio es reproducción

 Devocionales diarios para matrimonios No. 42

Y sabiendo Onán que la descendencia no había de ser suya, sucedía que, cuando se llegaba a la mujer de su hermano, vertía en tierra, para no dar descendencia a su hermano. Y desagradó a ojos de Jehová lo que hacía, y también le quitó la vida” (Gén. 38:9-10).



Cuando nos casamos en edad reproductiva, una de las primeras razones que Dios da al matrimonio es la procreación. Esta es la voluntad de Dios revelada de principio a fin en las Sagradas Escrituras. Dios quiere que los matrimonios se reproduzcan y llenen la tierra con sus imágenes.

Moisés nos narra la historia de Onán, uno de los hijos de Judá, a través de cuya tribu vendría el Mesías. Por tal razón, además de la razón dada por Dios en la creación, era deber de los hijos de Judá procrear y no estorbar el advenimiento del Mesías.

La ley del levirato procuraba que todos los hombres en Israel tuvieran, por lo menos, un hijo varón que perpetuara su nombre y preservara su propiedad. Por esa razón Judá le pidió a Onán que tomara por mujer a Tamar, pues, su hermano mayor había muerto por castigo divino y no había dejado descendencia que perpetuara su nombre y heredara sus bienes. Todo hombre en Israel debía estar dispuesto a hacer esto por el bien del nombre de su hermano fallecido.

Pero Onán decidió cultivar su egoísmo y evitar tener un hijo con la viuda para que su propio hijo no llevara el nombre de su hermano fallecido ni heredara sus bienes. Por esa razón, cuando tenía relaciones íntimas, acudía a uno de los pocos métodos de planificación o anticoncepción conocidos en la época.

El resultado fue que Dios lo castigó por semejante muestra de egoísmo, y lo mató.

Esta historia nos debe llevar a preguntarnos, cuando estamos planificando o no deseamos tener hijos, a pesar de estar casados en edad reproductiva: ¿Cuál es la razón para no querer tener hijos? ¿Es una razón justa, bondadosa? o, ¿Está relacionado con nuestro egoísmo que nos lleva a centrarnos en nosotros mismos? Es necesario revisar bien, en oración y meditación de la Palabra, nuestros corazones y pensamientos, pues, en muchas ocasiones, más de lo que uno piensa, solemos engañarnos a nosotros mismos, presentando razones nacidas de la autocomplacencia, el egoísmo y el temor al futuro, lo cual, en esencia, es desconfiar de Dios, y centrarnos en el brazo y la fuerza del hombre.

Quiera el Señor ayudarnos a vencer el egoísmo de Onán, y, si a Él así le place, hacernos reproducir para Su gloria.

Pr. Julio C. Benítez


El matrimonio es quitar los ídolos del corazón

 Devocionales diarios para matrimonios No. 41

Entonces Jacob dijo a su casa y a todos los que estaban con él: Quitad los dioses ajenos que hay entre vosotros, y purificaos, y mudad vuestros vestidos” (Gén. 35:2).



Jacob se está preparando para una peregrinación a Bet-el, el lugar donde se encontró con Dios y fue bendecido y librado de la mano de Esaú. Era propicio para el patriarca levantar allí un altar y adorar, junto con su familia, al único Dios verdadero que los había escogido, por pura gracia, para ser el pueblo del pacto.

Pero esta adoración debía ser sincera, conforme a la ley divina, con corazones limpios, devotos y purificados. Es por esa razón que el patriarca procura que sus esposas e hijos y siervos se limpien de toda contaminación, de ídolos y de toda impureza.

Pues, un padre de familia piadoso debe trabajar constantemente para que los ídolos del corazón sean expulsados de su familia, así como toda clase de contaminación mundana, pues, solo así podrían adorar con sinceridad y agrado al Dios del cielo.

Los padres de familia deben usar su autoridad para incentivar la piedad en sus familias, pues, no solo nosotros, sino toda nuestra casa debe servir al Señor. Y cuando vamos a congregarnos con los santos, como iglesia local, debemos preparar a nuestra casa para que todos vayamos, con corazones despiertos y atentos, con manos limpias sin ira ni contienda, para adorar a nuestro Redentor, el Señor Jesucristo.

En ocasiones tememos que nuestras esposas o hijos no trabajarán en expulsar los ídolos de sus vidas, pero, aunque Jacob no lo había hecho antes, tal vez por este mismo temor que tenemos los esposos, cuando lo hizo, el Señor bendijo su autoridad y su tierno llamado a la santificación, de manera que toda su casa abandonó lo idolátrico, y la casa fue así altamente bendecida, de manera que ahora podían ir a Bet-el a adorar a Dios a través de Jesucristo, quien era tipificado por los animales sacrificados en el altar.

Cada domingo hacemos una peregrinación, ya no a un lugar alto, sino a la congregación de los santos, como familia, para regocijarnos con nuestro Rey, y darle gracias por sus maravillosos dones, en especial, por el don de la salvación.

Ayudemos a nuestra familia a quitar todo ídolo que nos impide adorar y agradecer con corazón sincero al Dios que nos bendice.

Pr. Julio C. Benítez