Oraciones basadas en la Biblia
Cada día subimos una oración basada en la Palabra, pues, lo que Dios nos reveló en ella es lo que Dios quiere que oremos y pidamos.
jueves, 2 de enero de 2025
Salmo 90. Oración para inicio o fin de un año nuevo
martes, 31 de diciembre de 2024
Filipenses 3. Oración de entrega al Señor
Filipenses 3. Oración de entrega al Señor
jueves, 26 de diciembre de 2024
Lamentaciones 5. Oración de arrepentimiento y confesión
Lamentaciones 5. Oración de confesión y arrepentimiento
miércoles, 25 de diciembre de 2024
2 Timoteo 3:10-17
2 Timoteo 3:10-17
1 Pedro 3:8-12
1 Pedro 3:8-12
Señor, ayúdame a ser de un mismo sentir junto con mis hermanos.
Concédeme ser compasivo, y lléname del puro y verdadero amor fraternal, que siempre sea misericordioso y amigable para con todos, que nunca devuelva mal por mal, ni maldición por maldición, sino que por el contrario, siempre salgan de mis labios bendiciones, porque he sido llamado para heredar bendición.
Señor, yo quiero ver en este año muchos días buenos porque amo la vida, por lo tanto, ayúdame a entender que para alcanzar este propósito debo refrenar mi lengua de hablar el mal y mis labios de hablar engaño.
Ayúdame Señor que este 2025 me aparte del mal y que me especialice en hacer siempre el bien, que sea un experto en la búsqueda de la paz y en seguirla; por qué sé que tus ojos están sobre los justos, y que tus oídos están atentos a escuchar las oraciones de ellos; pero tu rostro es contra los que hacen el mal.
Ayúdame a hacer siempre el bien. En Cristo Jesús. Amén!
lunes, 9 de octubre de 2023
El matrimonio es reproducción
Devocionales diarios para matrimonios No. 42
“Y sabiendo Onán que la descendencia no había de ser suya, sucedía que, cuando se llegaba a la mujer de su hermano, vertía en tierra, para no dar descendencia a su hermano. Y desagradó a ojos de Jehová lo que hacía, y también le quitó la vida” (Gén. 38:9-10).
Cuando nos casamos en edad reproductiva, una de las primeras razones que Dios da al matrimonio es la procreación. Esta es la voluntad de Dios revelada de principio a fin en las Sagradas Escrituras. Dios quiere que los matrimonios se reproduzcan y llenen la tierra con sus imágenes.
Moisés nos narra la historia de Onán, uno de los hijos de Judá, a través de cuya tribu vendría el Mesías. Por tal razón, además de la razón dada por Dios en la creación, era deber de los hijos de Judá procrear y no estorbar el advenimiento del Mesías.
La ley del levirato procuraba que todos los hombres en Israel tuvieran, por lo menos, un hijo varón que perpetuara su nombre y preservara su propiedad. Por esa razón Judá le pidió a Onán que tomara por mujer a Tamar, pues, su hermano mayor había muerto por castigo divino y no había dejado descendencia que perpetuara su nombre y heredara sus bienes. Todo hombre en Israel debía estar dispuesto a hacer esto por el bien del nombre de su hermano fallecido.
Pero Onán decidió cultivar su egoísmo y evitar tener un hijo con la viuda para que su propio hijo no llevara el nombre de su hermano fallecido ni heredara sus bienes. Por esa razón, cuando tenía relaciones íntimas, acudía a uno de los pocos métodos de planificación o anticoncepción conocidos en la época.
El resultado fue que Dios lo castigó por semejante muestra de egoísmo, y lo mató.
Esta historia nos debe llevar a preguntarnos, cuando estamos planificando o no deseamos tener hijos, a pesar de estar casados en edad reproductiva: ¿Cuál es la razón para no querer tener hijos? ¿Es una razón justa, bondadosa? o, ¿Está relacionado con nuestro egoísmo que nos lleva a centrarnos en nosotros mismos? Es necesario revisar bien, en oración y meditación de la Palabra, nuestros corazones y pensamientos, pues, en muchas ocasiones, más de lo que uno piensa, solemos engañarnos a nosotros mismos, presentando razones nacidas de la autocomplacencia, el egoísmo y el temor al futuro, lo cual, en esencia, es desconfiar de Dios, y centrarnos en el brazo y la fuerza del hombre.
Quiera el Señor ayudarnos a vencer el egoísmo de Onán, y, si a Él así le place, hacernos reproducir para Su gloria.
Pr. Julio C. Benítez
El matrimonio es quitar los ídolos del corazón
Devocionales diarios para matrimonios No. 41
“Entonces Jacob dijo a su casa y a todos los que estaban con él: Quitad los dioses ajenos que hay entre vosotros, y purificaos, y mudad vuestros vestidos” (Gén. 35:2).
Jacob se está preparando para una peregrinación a Bet-el, el lugar donde se encontró con Dios y fue bendecido y librado de la mano de Esaú. Era propicio para el patriarca levantar allí un altar y adorar, junto con su familia, al único Dios verdadero que los había escogido, por pura gracia, para ser el pueblo del pacto.
Pero esta adoración debía ser sincera, conforme a la ley divina, con corazones limpios, devotos y purificados. Es por esa razón que el patriarca procura que sus esposas e hijos y siervos se limpien de toda contaminación, de ídolos y de toda impureza.
Pues, un padre de familia piadoso debe trabajar constantemente para que los ídolos del corazón sean expulsados de su familia, así como toda clase de contaminación mundana, pues, solo así podrían adorar con sinceridad y agrado al Dios del cielo.
Los padres de familia deben usar su autoridad para incentivar la piedad en sus familias, pues, no solo nosotros, sino toda nuestra casa debe servir al Señor. Y cuando vamos a congregarnos con los santos, como iglesia local, debemos preparar a nuestra casa para que todos vayamos, con corazones despiertos y atentos, con manos limpias sin ira ni contienda, para adorar a nuestro Redentor, el Señor Jesucristo.
En ocasiones tememos que nuestras esposas o hijos no trabajarán en expulsar los ídolos de sus vidas, pero, aunque Jacob no lo había hecho antes, tal vez por este mismo temor que tenemos los esposos, cuando lo hizo, el Señor bendijo su autoridad y su tierno llamado a la santificación, de manera que toda su casa abandonó lo idolátrico, y la casa fue así altamente bendecida, de manera que ahora podían ir a Bet-el a adorar a Dios a través de Jesucristo, quien era tipificado por los animales sacrificados en el altar.
Cada domingo hacemos una peregrinación, ya no a un lugar alto, sino a la congregación de los santos, como familia, para regocijarnos con nuestro Rey, y darle gracias por sus maravillosos dones, en especial, por el don de la salvación.
Ayudemos a nuestra familia a quitar todo ídolo que nos impide adorar y agradecer con corazón sincero al Dios que nos bendice.
Pr. Julio C. Benítez




