Devocionales diarios para matrimonios No. 37
“Líbrame ahora de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque yo lo temo; no sea que venga y me hiera a la madre con los hijos” (Gén. 32:11).
Los matrimonios, de tanto en tanto, pasan por adversidades y peligros que ponen en riesgo la economía, la salud, el bienestar o, incluso, la integridad física, entre otras cosas. ¿Qué hacer en estos momentos?
Jacob y su familia pasaron por un momento de gran preocupación y angustia, pues, consideraron que estaban en serio peligro al enterarse de que Esaú venía a su encuentro con 400 hombres, lo cual podría significar que el hermano mayor tomaría venganza contra Jacob y cumpliría lo que dijo, que se vengaría de su hermano tramposo.
¿Qué hizo el santo Jacob? Lo que debe hacer todo padre de familia cuando ve que los suyos están en serio peligro: llevar la causa ante Dios, presentar ante su Trono de gracia la aflicción, y pedir el socorro divino ante tan gran peligro, pues, él podía hacer muy poco para proteger a los suyos.
Jacob fue específico al contarle a Dios lo que estaba sucediendo, y en presentarle su profundo miedo y terror. No quería que nada malo le sucediera a sus esposas, a sus concubinas y a sus hijos. Él era el protector de la familia, pero ahora no podía hacer nada para enfrentar a tan gran ejército.
Es por esa razón que le pide al Altísimo que, de alguna manera, lo libre de la mano de su hermano, y guarde a su familia.
Esta debe ser la oración diaria del esposo. Este debe ser el clamor constante de un marido piadoso: Señor, guarda a mi familia. Hay peligros por doquier, hay tentaciones de toda clase, hay ideologías que los quieren atrapar. Señor, he hecho lo que está a mi alcance para instruirlos y guardarlos, pero ellos necesitan exponerse al mundo exterior; guárdalos del maligno, protégelos del mal, y líbranos, no sólo de los perversos, sino de la perversidad.
Luego de orar, Jacob usó una estrategia para proteger, sino a todos, a la mitad de la familia, dividiendo la caravana en dos grupos. Además, quiso suavizar el corazón de su hermano enviando presentes delante de ellos. Ninguna de estas estrategias era pecaminosa, era lo máximo que él podía hacer, y todo con el fin de proteger a su familia.
!Cuán sabio es el hombre que ora al Señor y luego pone en acción lo que la sabiduría divina pone en su corazón! Siempre conforme a Su Palabra revelada.
Pr. Julio C. Benítez
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