Salmo 90. Oración para inicio o fin de un año.
Señor, tú nos has sido refugio de generación en generación. A ti acudimos los hombres desde la creación y seguiremos acudiendo siempre, porque solo tú eres Dios, y mientras nosotros pasamos por este mundo temporal, tú nunca pasas, tus días son eternos, nosotros envejecemos pero tu nunca envejeces.
Señor, he aprendido que tú nos invitas a la conversión cada vez que contemplamos el paso de los años, cada vez que vemos cómo nosotros nos envejecemos y el cuerpo se debilita, ese es un tiempo especial para meditar en nuestra necesidad de ti, de tu gracia, de tu amor, de tu perdón.
Señor, he entendido que mi vida no tiene sentido en esta tierra si no es en una total dependencia de tu gracia, pues, soy solo como un suspiro que pronto termina en esta tierra, mientras tú permaneces para siempre.
Y si tú permaneces para siempre, entonces, solo encontraré La Paz y la dicha perpetua si me entrego a ti, fuente y dador de la vida.
Ayúdame a entender la fragilidad y fugacidad de la vida, y que esto se debe a causa de mis pecados, pues, son rebeldías contra ti, dador de todo bien.
Ayúdame a saber que tú estás airado todos los días contra el impío, y que, aunque he creído en ti, aún te ofendo, y esas ofensas hacen que mis días sean más cortos de lo que deseo.
Señor, dame la sabiduría necesaria para aprender a contar mis días, para cumplir el propósito por el cual me creaste y para saber aprovechar el tiempo en aquellas cosas que tienen un verdadero valor eterno.
Reconozco que no he sido sabio en el uso del corto tiempo que me das en esta era presente, por eso te pido me concedas la gracia del perdón.
Señor, sé propicio a mí a través de tu Hijo, mi Señor Jesucristo, y concédeme tu misericordia.
Que el resto de mis días en esta tierra sean fructíferos, para Tu gloria.
Que de ahora en adelante aprenda a depender solo de ti, y que todo lo que haga sea conforme a tu voluntad revelada en tu Palabra.
Que no desperdicie ni un minuto de esta vida en cosas superfluas o pecaminosas, y que mi entera y única preocupación sea honrarte en todo lo que haga.
Señor, sé que no podré hacerlo con mis propias fuerzas, pero confío en mi Señor Jesucristo, y a través de él, y el poder de tu Espíritu, aprenderé a aprovechar cada minuto de la vida que me das.
Amén!
