lunes, 9 de octubre de 2023

El matrimonio es reproducción

 Devocionales diarios para matrimonios No. 42

Y sabiendo Onán que la descendencia no había de ser suya, sucedía que, cuando se llegaba a la mujer de su hermano, vertía en tierra, para no dar descendencia a su hermano. Y desagradó a ojos de Jehová lo que hacía, y también le quitó la vida” (Gén. 38:9-10).



Cuando nos casamos en edad reproductiva, una de las primeras razones que Dios da al matrimonio es la procreación. Esta es la voluntad de Dios revelada de principio a fin en las Sagradas Escrituras. Dios quiere que los matrimonios se reproduzcan y llenen la tierra con sus imágenes.

Moisés nos narra la historia de Onán, uno de los hijos de Judá, a través de cuya tribu vendría el Mesías. Por tal razón, además de la razón dada por Dios en la creación, era deber de los hijos de Judá procrear y no estorbar el advenimiento del Mesías.

La ley del levirato procuraba que todos los hombres en Israel tuvieran, por lo menos, un hijo varón que perpetuara su nombre y preservara su propiedad. Por esa razón Judá le pidió a Onán que tomara por mujer a Tamar, pues, su hermano mayor había muerto por castigo divino y no había dejado descendencia que perpetuara su nombre y heredara sus bienes. Todo hombre en Israel debía estar dispuesto a hacer esto por el bien del nombre de su hermano fallecido.

Pero Onán decidió cultivar su egoísmo y evitar tener un hijo con la viuda para que su propio hijo no llevara el nombre de su hermano fallecido ni heredara sus bienes. Por esa razón, cuando tenía relaciones íntimas, acudía a uno de los pocos métodos de planificación o anticoncepción conocidos en la época.

El resultado fue que Dios lo castigó por semejante muestra de egoísmo, y lo mató.

Esta historia nos debe llevar a preguntarnos, cuando estamos planificando o no deseamos tener hijos, a pesar de estar casados en edad reproductiva: ¿Cuál es la razón para no querer tener hijos? ¿Es una razón justa, bondadosa? o, ¿Está relacionado con nuestro egoísmo que nos lleva a centrarnos en nosotros mismos? Es necesario revisar bien, en oración y meditación de la Palabra, nuestros corazones y pensamientos, pues, en muchas ocasiones, más de lo que uno piensa, solemos engañarnos a nosotros mismos, presentando razones nacidas de la autocomplacencia, el egoísmo y el temor al futuro, lo cual, en esencia, es desconfiar de Dios, y centrarnos en el brazo y la fuerza del hombre.

Quiera el Señor ayudarnos a vencer el egoísmo de Onán, y, si a Él así le place, hacernos reproducir para Su gloria.

Pr. Julio C. Benítez


No hay comentarios:

Publicar un comentario