Devocionales diarios para matrimonios No. 36
“Y viendo Raquel que no daba hijos a Jacob, tuvo envidia Raquel de su hermana, y dijo a Jacob: Dame hijos, o si no, me muero” (Gén. 30:1).
Nunca fue el propósito que el matrimonio incluyera a más de una esposa, pues, siendo que esta sagrada institución representa la relación de Cristo con su esposa, la iglesia, entonces, se deduce que el matrimonio consta de un esposo y una esposa.
La Biblia evidencia que, en el tiempo antiguo, cuando los hombres tenían más de una esposa, siempre surgían rivalidades entre ellas, como pasó entre Sara y Agar, Raquel y Lea, Ana y Penita, entre otras. Los hombres fallaron en este asunto.
En el caso de Raquel, sentía envidia por su hermana Lea, pues ya tenía varios hijos, mientras que ella no podía concebir. En el desespero por tener hijos y agradar a su marido y ser bien vista por la sociedad, le reclama a su esposo que le conceda el tener hijos, como si de él dependiera el asunto.
Raquel, en vez de acudir a Dios en oración, el único que puede dar hijos, pues, ellos su herencia en el matrimonio, decidió forzar a Jacob para que hiciera algo que estaba fuera de su alcance, so pena de que ella moriría lentamente de angustia, desespero, tristeza, pero, especialmente de envidia.
El resultado fue que ella pudo dar a luz un hijo, a José, pero cuando dio a luz al segundo, Benjamín, murió.
No es buena cosa tentar al Dios vivo con los deseos de la envidia. Dios es quien decide dar o no dar hijos, y él los dará cuando sea su voluntad. Y si no los da, debemos estar satisfechos con Él y con su voluntad, la cual es buena para con nosotros.
Igualmente aplica para cualquier otro deseo: Una casa o un auto nuevo, hijos que sobresalgan en los estudios académicos, un empleo bien remunerado, unas vacaciones soñadas. Podemos traer estas cosas a Dios en oración, pero siempre diciendo: No se haga mi voluntad sino la tuya, pues, tu voluntad es perfecta y agradable.
Pr. Julio C. Benítez

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